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| La anti democracia de la democracia |
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Ya he tratado otras veces este tema, vuelvo sobre él porque se acercan unas elecciones y es preciso poner en claro, como los mecanismos mediáticos de los grupos de poder, están convirtiendo la democracia en un instrumento para servir a sus propios intereses en perjuicio de los asuntos que atañen a las grandes mayorías. En ese sentido, el proceso democrático y las elecciones como una de sus expresiones, se alejan más del concepto originario que definía la democracia, como el gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. En los últimos cincuenta años, el rol y la incidencia del gran dinero en la campaña electoral han creado una gran preocupación por la distorsión y falta de transparencia que ha introducido en el proceso. Más que un certamen de candidatos, las elecciones se han convertido en un certamen del dinero, ya que, en última instancia, el dinero es lo que determina que un candidato pueda operar o no. Como el dinero es el factor determinante para que un candidato pueda ser oído o escuchado, éste último se ve obligado a vender los asuntos que mueven su campaña al mejor postor. La carrera de un político se convierte entonces en una interminable campaña de colectar dinero. El político que es incapaz de colectar dinero no podrá subsistir en la política. Esta realidad es la que ha distorsionado la transparencia del proceso democrático, ya que, la voluntad del político está comprometida por aquellos que lo patrocinan. El que da dinero lo hace a cambio de recibir algo a su favor. La política en ese sentido es una gran empresa, donde se invierten grandes capitales y al final se reclaman beneficios. La función de colectar las acciones y hacerlas llegar a los beneficiarios, la llevan a cabo los denominados “Lobbies” y los “PAC” (Political Action Committe). Estos grupos sirven de instrumento para llevar el dinero a los políticos, que sirven de beneficios a sus contribuidores y que obedecen a sus posiciones ideológicas. Su modo de accionar se ha hecho tan poderoso, que hoy controlan un gran porcentaje del dinero que se destina a la propaganda política. Numerosas organizaciones y grupos independientes han estado preocupados por la influencia que estos grupos ejercen en el proceso político. En ese sentido, han propuesto modificaciones en la ley electoral para evitar que el dinero siga corrompiendo el proceso. Sin embargo, el año pasado la Suprema Corte de Justicia, en una acción muy criticada, aumentó los poderes de estos grupos, me refiero a los “lobbies” y los “PAC”, cuando decidió reconocer a las corporaciones como sujetos personales y como tales, capaces de hacer contribuciones monetarias ilimitadas a los grupos políticos de sus preferencias. La acción de la Corte Suprema ha sido un duro zarpazo a los sectores que han estado luchando por una mayor transparencia del proceso electoral. Esa decisión abrió las puertas para que la intervención del gran dinero mediatice a su antojo lo que se hace y se decide en el proceso político, llevándose de paro la voluntad de las mayorías que es la base de lo que hasta ahora se conoce como la democracia. La voluntad de las mayorías es diezmada por los medios, que son el mecanismo mediático por excelencia en el proceso político. Son ellos la fuente que el pueblo usa para la información política. Por eso, no es una casualidad que en el proceso electoral, el gran dinero se vuelque hacia los medios, como una manera de arrastrar la simpatía hacia sus causas. Un ejemplo al caso, son los millones de dólares que hoy gastan los pre-candidatos Republicanos en su campaña para obtener la nominación de ese partido. En esa campaña se ha puesto de manifiesto claramente la influencia de los grupos mediáticos en el proceso político. De una manera indirecta estamos volviendo a los viejos tiempos, cuando el derecho al voto se concedía solo a los que poseían bienes y propiedades. Los que pertenecían al pueblo llano, llámese la mayoría pobre, estaban excluidos del proceso. Por el camino que vamos, no otra cosa va a suceder. Cada día que pasa, debido al arrastre publicitario, el individuo pierde la autonomía de decidir y la democracia se aleja de su esencia, convirtiéndose en sirviente de los intereses del gran dinero. No es una casualidad, que en la campaña que se lleva a cabo por la nominación presidencial del Partido Republicano, brillen por su ausencia los reclamos que tocan a las necesidades de las grandes mayorías. Por el contrario, los candidatos consideran estos asuntos ajenos a sus agendas políticas. El espacio político para las mayorías se hace cada vez más estrecho y reducido, poniendo en peligro lo que hasta ahora se conoce como democracia. Aquello de que la democracia es el gobierno para el pueblo, cada vez más se aleja del pueblo. Si usted no lo ve así, abra sus ojos y verá que por ese camino es que andamos. |






Por Ramón Peralta