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| La Colombia de Uribe, el Israel de América del Sur |
| Artículos de Andrés Abreu |
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Después de la Segunda Guerra Mundial, la cual acabó en el 1945, Inglaterra y Estados Unidos, buscaron la oportunidad de establecer su presencia en el seno del mundo árabe. Entre las razones para ello se encontraban, el interés de los empresarios judíos ingleses y norteamericanos del control comercial del área, el dominio del potencial petrolero de la región, el control de la expansión de la influencia soviética y el interés de establecer un punto estratégico militar para la movilización de tropas y la toma de acciones bélicas en la región en caso de que fuera necesario. La mejor salida fue darle apoyo a los planes que venían urdiéndose desde antes de la guerra para el establecimiento de un estado judío en territorio Palestino. Así surgió el Estado de Israel. En América del Sur, desde el ascenso de Hugo Chávez al poder en Venezuela en el 1998, y la caída de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, comenzó a tomar fuerza una corriente política progresista, que en Estados Unidos llaman liberal y a la que los medios de comunicación han llamado "de izquierda". Esta corriente se orientaba hacia la búsqueda de un rompimiento de las desventajas de la dependencia política y económica de estas naciones con los Estados Unidos. Así en la siguiente década, la del 2000, surgieron los gobiernos de Lula Da silva en Brasil, Michele Bachelet Chile, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Martín Torrijos en Panamá, los Kirshners en Argentina y Manuel Zelaya en Honduras. Estos gobiernos que van desde la izquierda que ahora llaman "chavista", hasta la derecha moderada como el de Torrijos, tienen en común el objetivo de la integración económica de la región para beneficio de sus países al margen de los intereses corporativos de los países desarrollados. El gobierno norteamericano de George W. Bush, intentó frenar lo que para Estados Unidos se convirtió en una epidemia, valiéndose de recursos tales como, el intento de golpe de Estado en Venezuela en el 2002, la injerencia directa en la política interna de algunos países, como fueron los casos de Perú durante la elecciones del 2006 y Nicaragua en el 2007. En Perú mediante propagación del temor en los sectores empresariales, grandes y medianos, del surgimiento de un régimen comunista, lograron impedir que el candidato de la izquierda, Ollanta Humala, ganara las elecciones pese a haber obtenido el triunfo en la primera vuelta electoral. Esos sectores, con tal de cerrarle el paso a la izquierda, prefirieron votar y llamar a votar a la población, a través de los medios de masa de su propiedad, por el candidato que consideraban menos malo, pero el que representaba el pasado mas funesto en desorden y corrupción en la historia del Perú que es Alan García. Así García, un producto de un partido que se consideraba de izquierda, el APRA, pero que se había convertido en un estandarte de la derecha durante su administración en los años 80s, pasó a ocupar la presidencia del Perú. En Nicaragua, la administración Bush no tuvo la misma suerte, y el candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega, llegó al poder. Pese a estas derrotas, la administración Bush dormía tranquila porque contaba, como cuanta ahora la administración de Barack Obama, con un gobierno servil e incondicional en uno de los países mas importantes de la región, el de Álvaro Uribe en Colombia. A través de Colombia, como se viene haciendo con Israel en el mundo árabe, Estados Unidos tiene un brazo político y militar con el cual llevar a cabo estrategias políticas regionales y desplazarse militarmente cuando sea necesario. El actual presidente de Colombia, Álvaro Uribe, juega el papel protagónico en esta serie, lo que o convierte en irremplazable por el momento. Para Estados Unidos mantenerlo en el poder es imprescindible. Pero la constitución colombiana no
permite una tercera reelección presidencial, y la única forma de lograr su
permanencia en el poder es modificándola.
Es decir, que Uribe tendrá que hacer lo mismo que intentó hacer Manuel
Zelaya en Honduras, y por lo cual la derecha de ese país lo acusó de intentar
perpetuarse en el poder y le dio un golpe de estado. Claro, que eso no va a pasar con Uribe, pues el único que
come ratón es el gato, y el gato en este caso es amigo del ratón. Uribe probablemente cuenta con el respaldo en votos de los colombianos, pero si no es suficiente, contará con los votos que sea necesario meter en las urnas y con un gigante amigo para darle un trompón al que quiera detenerlo. Si la corriente no cambia su curso, a América Latina le esperan muchas sorpresas en los siguientes cinco años, y Colombia será como Israel, el perro rabioso que muerde al vecino cuando lo manda su amo. |



