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No hay fidelidad mas dudosa que la fidelidad extrema, la historia y los días dan testimonio de ello en sus páginas lo mismo que en el diario vivir. Los izquierdistas más extremados y rabiosos de los años 70s han terminado, salvo excepciones, en derechistas firmes y adocenados. Los derechistas extremos, en cambio como no han jurado fidelidad a ninguna idea sino a sus conveniencias, siguen siendo los que estaban los mismo enemigos de los idealistas rojos.
Los tiempos han cambiado y ser socialista no significa ya ser enemigo de la propiedad privada ni ser aliado de la Unión Soviética, porque la historia ha demostrado que el mercado es tan necesario como la regulación del Estado. El llamado neoliberalismo fue una corriente de los años 80 que vino a reivindicar los slogans de los liberalistas franceses del siglo XIX de “laisser faire laisser passer” (dejar hacer dejar pasar), bajo los cuales promovieron la idea de que mientras menos el estado se inmiscuye en desarrollo de los mercados mas rápido es el desarrollo y mas beneficiada es la sociedad. Yo nunca creí en esa teoría porque me parecía más convincente la definición que daba mi padre de la relación de los individuos en el tren productivo, “una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja”. El crecimiento de una empresa no garantiza necesariamente el crecimiento del Standard de vida del trabajador, lo mismo que tampoco lo garantiza el hecho de que toda la actividad productiva esté totalmente en manos del Estado. En el primer caso, porque las empresas buscarán siempre reducir sus costos de empleomanía, no de aumentarlos, y en el segundo, porque si el Estado cae en manos de una oligarquía burocrática no solamente se perderían las posibilidades de progresar individualmente, sino también la libertad. Utilizar los parámetros de izquierda o derecha en el siglo XXI es una flamante exhibición de ignorancia, estrechez mental y contrasentido. El mundo no se debate actualmente entre sociedades capitalistas y sociedades comunistas. El temor de los gobiernos de tomar medidas que parezcan socialistas, es igual de tonto que el temor que tuvo la URSS de tomar medidas que parecían capitalistas. Algunos políticos norteamericanos como el ex presidente George W. Bush dijo en una ocasión que el gobierno federal no podía reclamar propiedad sobre las acciones de los bancos beneficiados con el llamado bailout “porque eso sería socialismo”. Sin embargo, ahora los mas connotados cerebros de la economía de mercado han convenido en que se hará necesario nacionalizar la banca para poder estabilizar el mercado financiero y evitar el colapso total del sistema económico. China le sobrevivió a la URSS como nación comunista porque adoptó una economía de mercado creando un estado capitalista gobernado por un partido comunista, una especie de mezcla de la disciplina maoístas leninista con la dinámica del libre mercado. Los parámetros que estableció la Guerra Fría entre comunismo y capitalismo arrastraron al abismo importantes proyectos humanos que bien hubieran evitado el hambre y el dolor a millones de habitantes en el mundo. La revolución sandinista, por ejemplo, que derrocó la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua en 1979 fue atacada sin piedad y destruida por la administración de Ronald Reagan quien veía en ella “un peligro para los Estados Unidos” porque según él y su administración “era comunista”. Esa revolución que llevó cabo en sus comienzos importantes progresos en la educación y la salud, iba a transformar Nicaragua en un país ejemplar, pero fue atacada por un ejército creado por los Estados Unidos llamado “Contras” que la obligó a utilizar sus pocos recursos en defensa militar en vez de continuar su proyecto social y de mitigar la miseria en que quedó la población después de la guerra, así todo terminó en el fracaso. En una entrevista que le hice en 1986 a Daniel Ortega, entonces presidente, le pregunté del carácter de la revolución, si era o no socialista, me dijo que no podía hacer una definición porque al igual que el tablero de ajedrez habían cuadros negros y blancos y que los sandinistas harían lo mejor para Nicaragua fuera capitalismo o fuera socialismo. Si esa visión ya la tenía Ortega hace 23 años, mas la debía tener un político del siglo XXI quien no debería de temer a qué se parezcan o no las medidas que tiene que tomar cuando se trata de soluciones a favor del pueblo. La actual crisis económica global afecta tanto a países comunistas como capitalistas, si es que todavía se puede hablar de diferencias, y los que mas sufren son los que menos tienen. Las soluciones no pueden tener color ni banderas, no pueden estar sujetas a parámetros del pasado que en nada ayudan al presente. La medicina para la solución a los problemas de América Latina jamás pueden ser la misma de los países desarrollados, no es lo mismo dar de comer a millones de hambrientos que ayudar a los propietarios a pagar sus casas. Los gobiernos de América del Sur que los medios llaman de izquierda no son otra cosa que gobiernos al servicios de sus pueblos adoptando las medidas que consideran correctas independientemente del sello que les pongan. Por eso hay tantos resultados positivos aunque los extremistas digan lo contrario.
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