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En la historia de la República Dominicana han habido apenas tres estadistas con buenas ideas en cuanto a lo que es el Estado y la necesidad de la institucionalización de la nación como instrumento de servicio a sus ciudadanos. Ellos fueron Juan Pablo Duarte (1813-1876), Ulises Francisco Espaillat (1823-1878) y Juan Bosch (1909-2001).
Juan Pablo Duarte en su tiempo de vida, antes de la primera mitad del siglo XIX había concebido la posibilidad de que la pequeña colonia española de la parte este de la isla conocida como Santo Domingo podía ser un estado independiente, tanto de la metrópolis europea como de los ocupantes de origen afro francés de Haití que la gobernaban desde 1822. Después de crear la idea de independencia y de llevar a cabo la lucha por ésta fue apresado por sus propios colaboradores quienes realmente solo buscaban independizarse de Haití y beneficiarse de un protectorado español. Por eso entregaron a la reciente nación a España y a Duarte lo enviaron al destierro. Murió pobre y abandonado en Venezuela. Ulises Francisco Espaillat luchó un a Gregorio Luperón por liberar la pequeña república de la metrópolis española en una guerra que se conoció como Restauradora. Fue electo presidente y trató de organizar el estado dominicano, pero fue derrocado por las ambiciones de poder de otros quienes buscaban en la independencia la escala de la fortuna del poder. Juan Bosch era uno de los tantos exiliados de la brutal dictadura de Rafael Trujillo que duró desde 1930 hasta 1960, luchó desde el destierro por liberar al país de la tiranía. Regresó a su patria al morir el dictador y fue electo presidente en 1963. Luchó por el establecimiento de una democracia auténtica al servicio de los mas necesitados, pero al igual que Ulises Espaillat fue derrocado siete meses después y al igual que Duarte enviado al destierro. Sería muy bonito en los actos de celebración del aniversario de la independencia que esos tiempos hubieran sido superados y que la República Dominicana fuera un país independiente con un estado organizado y una democracia al servicio de su gente. Pero lamentablemente, los hechos de la historia dominicana se repiten hoy como ayer, solamente que con la cara del siglo 21. A la muerte de Trujillo en 1960 le siguió una dictadura ilustrada, a ésta la rapiña de la corrupción populista y la ambición desmedida del hampa. A Juan Bosch sus compañeros de partido de los años 60 lo vendieron como a cristo y los del nuevo partido que él construyó para las nuevas generaciones se metieron en los bolsillos las esperanzas y hoy utilizan lo que aprendieron del maestro para mantener la dictadura del engaño, la corrupción del populismo y agenciarse un futuro promisorio para ellos y sus herederos. Un país no está progresando porque tenga avenidas y edificios altos, centros comerciales o grandes plazas, sino porque su gente tenga satisfechas las necesidades básicas que todos los seres humanos deben tener satisfechas, y las avenidas y las plazas las puedan disfrutar todos por igual. ¿De que sirve una patria que no te sirve? ¿De que sirve una patria bella que puedes disfrutar unos días al año porque tuviste que huir en busca de lo que negó? República Dominicana ha tenido un significativo crecimiento económico en los últimos diez años. Según el último informe de la CEPAL para América Latina, entre los años 2002 y 2007 el índice del PIB por persona, es decir lo que producen los dominicanos por cabeza subió de 2.2 a 9.0 y 6.9 por ciento. Sin embargo el nivel de pobreza ha bajado sólo menos de un punto porcentual. De acuerdo a estos datos, que pueden confirmar mas que nada los estómagos vacíos de millones de dominicanos, la diferencia entre ricos y pobres entre esos mismos años ha crecido de manera alarmante. República Dominicana junto a Guatemala y Honduras corona la cúspide de los países donde más rápido ha crecido la desigualdad social. Es decir, donde los ricos se han hecho más ricos y los pobres mas pobres. En República Dominicana el desorden institucional sigue siendo el mismo o peor que el del despotismo y la rapiña que siguieron a la muerte del dictador; la violencia, que era antes patrimonio del fanatismo y la opresión políticas, ahora es la agenda diaria de las calles debido delincuencia en los mas altos niveles. Santo Domingo, la capital de la república, ha ido creciendo sin control como si no existiera tan siquiera un ayuntamiento o un ministerio de obras públicas para regular las construcciones. Se construyen torres de decenas de apartamentos en el corazón de la urbe al margen de cualquier planificación de los servicios de utilidades. Esa situación ha generado una sobre saturación del tránsito y en pocos años no se sabe si Santo Domingo competirá con México como la ciudad mas grande contaminada del planeta. Los 165 años de historia dominicana parecen no haber pasado, porque el país sigue siendo el mismo que deportó a Duarte y derrocó a Ulises Francisco Espaillat y Juan Bosch, sólo que con más gente, mas edificios, mas calles, mas pobres y mas ricos.
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