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Si alguien piensa que Estados Unidos es un país gobernado por un
Presidente elegido por el pueblo, está equivocado. Este es un país
gobernado por las grandes corporaciones, que tiene un Presidente elegido
por los medios de comunicación, los cuales son a su vez, propiedad de
las corporaciones.
Eso explica el por
qué en Estados Unidos el gobierno actúa como un intermediario entre las
empresas y sus clientes y ponga en manos de éstas los servicios más
elementales de un Estado, desde la comunicación de la Casa Blanca, hasta
las administración de las cárceles; y explica también por qué ocurren
barbaridades como las guerras de Vietnam e Irak, y ahora puede que
ocurra una acción bélica en Libia. La guerra de Vietnam tuvo varios
objetivos, el primero fue detener el avance del comunismo, el cual
representaba una amenaza para el mundo corporativo; segundo, expandir el
mercando de la venta de armas; y tercero, ampliar el área de influencia
para la explotación de recursos naturales. La guerra de Irak, tuvo
como objetivo facilitar a las corporaciones petroleras el dominio de
una parte importante de las zonas productoras del crudo del mundo árabe;
beneficiar con enormes contratos a corporaciones como Halliburton; y
reactivar la industria de la producción de armas y pertrechos militares. El
costo de todas estas acciones para beneficiar al mundo corporativo lo
ha pagado el pueblo norteamericano. En Vietnam, 58 mil soldados
perdieron la vida, la mayoría jóvenes sacados de sus casas para cumplir
el servicio militar obligatorio; y en Irak, han muerto unos 4 mil
militares y contratistas. A cambio de estas vidas, los norteamericanos
han conseguido unos cuantos miles empleos mas en las zonas industriales y
en las oficinas de las corporaciones. Para justificar la enorme
inversión de vidas y recursos en la guerra de Vietnam, los políticos de
Washington y los medios de comunicación, le hicieron creer a los
norteamericanos, que si Indochina se hacía comunista la democracia y la
seguridad de Estados Unidos estarían en peligro, que Washington y Nueva
York podrían ser desaparecidos por una bomba nuclear. Vietnam terminó
siendo comunista, después de haber perdido tres millones de vidas en la
guerra, y que se sepa, no ha representado ni representa una amenaza
para nadie. Para justificar la guerra de Irak, la administración de
George W. Bush y Dick Cheney, le hicieron creer a los norteamericanos
que ese país era una amenaza nuclear para el mundo, que desarrollaba
armas de destrucción masiva de toda clase y que era cómplice con Osaba
Bin Laden de los ataques contra Estados Unidos del 11 de septiembre del
2001. Hace ya ocho años que las tropas norteamericanas ocuparon
Bagdad y nunca se encontró allí ni siquiera una muestra de la supuesta
amenaza que representaba el régimen de Saddam Hussein, ni la más mínima
vinculación de ese régimen con el grupo Al Qaeda de Bin Laden. Ahora
el panorama se cierne sobre el Libia, un país que cobró importancia en
el mundo cuando el petróleo se convirtió en una de las mas importantes
fuentes de riqueza. Libia tiene un extenso territorio, unas de 700
mil millas cuadradas y tan solo 6 millones y medio de habitantes. Pero
para el año 1912, cuando fue ocupada por Italia, tenía apenas un millón
200 mil y ninguna importancia económica, excepto la tierra. La Segunda
Guerra Mundial marcó profundamente el destino de este país. Debido a
su ubicación, fue campo de batalla de los aliados con las fuerzas
alemanas, y debido a que la misma guerra convirtió el petróleo en la
riqueza mineral mas codiciada, el territorio de Libia, que es rico en
ese mineral, pasó a ser importante para las potencias occidentales,
especialmente para ingleses, franceses y norteamericanos. Inglaterra e
Italia se disputaron a Libia y el conflicto terminó 1951 con el
establecimiento en ese país de un gobierno títere a ambas naciones bajo
la máscara de la independencia. Así surgió el primer país independiente
de África, un régimen de un monarca impuesto por occidente llamado
Muhammad Idris I. Era una monarquía al estilo inglés, con parlamento,
primer ministro y Constitución. Durante el reinado de Idris I, que
duró 18 años, se establecieron en Libia las mas importantes
corporaciones petroleras del mundo. El presidente Francés, Charles De
Gaulle, firmó un acuerdo con el entonces primer ministro libio, Abdul
Hamid, en 1969, para conceder a dos compañías petroleras francesas la
exploración y explotación por diez años de los yacimientos vírgenes de
Libia. Para ese mismo mes el gobierno libio compró armas por 420
millones de dólares al gobierno inglés. Para 1967, Libia exportó 636.5
millones de barriles de petróleo y subió su ingreso per cápita a cerca
de 1,080.00 por persona, por lo cual la Naciones Unidas sacaron a Libia
de la lista de países subdesarrollados. Pero esa bonanza no tocaba
fondo y se quedaba en las altas esferas de la familia real, los
funcionarios y los nacientes empresarios que surgían como una clase
poderosa apéndice de la inversión extranjera. Solamente un 25 por
ciento de la población estaba alfabetizada, y aunque disminuyó
sustancialmente la pobreza, las distancias entre las clases sociales se
hicieron abismales. El evidente servilismo de la monarquía de un país
musulmán, como Libia, a las potencias occidentales que apoyaban a
Israel, comenzó a crear disgusto y comenzaron a aparecer grupos armados
opuestos al régimen, hasta que en 1969 un joven militar llamado Muamar
Gadafi, junto a otros miembros del ejército, dieron un golpe de estado
desmantelando la monarquía de Idris I y estableciendo una república que
llamaron Republica Popular Socialista de Libia. Bajo el régimen de
Gadafi se renegociaron los contratos de explotación petrolera y se llevó
a cabo un programa de desarrollo social que llevó a Libia a ser uno de
los países con mas alto nivel de vida. Se realizó una diversificación de
la producción, a tal punto, que el petróleo, que hasta el momento era
el responsable de 95 por ciento del ingreso del país, pasó a ocupar solo
el 50 por ciento del PIB. El 87 por ciento de la población fue
alfabetizada, la mortalidad infantil se redujo a un 21 por ciento, y la
esperanza de vida pasó a ser la mas alta del continente africano (74
años de edad). Muamar Gadafi, nunca fue santo de la devoción de
occidente debido a su actitud radical contra Israel y a su afinidad con
el mundo socialista liderado por la Unión Soviética durante la Guerra
Fría. Gadafi patrocinó ataques terroristas contra intereses
norteamericanos, incluyendo el derribamiento de un avión de pasajeros en
los años 70. En represalia, el gobierno de Ronald Reagan bombardeó
Libia en el 1986, provocando numerosas bajas civiles incluyendo una hija
de Gadafi. En el año 2002, Estados Unidos bajo el gobierno de George
W. Bush, le perdonó los pecados a Gadafi, y levantó las sanciones que
se le habían impuesto desde la administración de Reagan. Gadafi admitió
la participación de Libia en ataques terroristas contra Estados Unidos,
pidió perdón y acordó indemnizar a los familias de las víctimas de
estos. ¿Qué pasa ahora con Libia? ¿No hubo un final con beso en la
turbulenta relación del país árabe con Estados Unidos? ¿Por qué ahora
Estados Unidos promueve el derrocamiento de Gadafi, y amenaza con una
intervención militar? Para saber la respuesta solo hay que recordar,
que según los expertos en energía, para el año 2035 la producción de
petróleo en el mundo será insuficiente para mantener la actual demanda, y
que Libia es una de las diez más grandes reservas de petróleo del
planeta; que Estados Unidos es el país mayor consumidor de petróleo, y
junto a Inglaterra, el asiento de las mas poderosas corporaciones
explotadoras del crudo. Por lo que un gobierno complaciente y obediente
en ese territorio, sería la bendición del Dios de los petrodólares. El
asunto no se queda ahí. Estamos a menos de dos años de las elecciones
presidenciales y el candidato demócrata Barack Obama necesita, como
Súper Man, un país en peligro al cual salvar; el visto bueno de las
grandes corporaciones, sin cuyas “bendiciones” ninguna campaña es
posible, y el apoyo apasionante de los medios de comunicación de masas.
Todo eso lo da Libia. Por eso hay que tomar en serio a la Casa Blanca
cuando dice que "no descarta una acción militar" contra ese país. Es
decir, que Libia puede ser, sin ninguna duda, el Irak de Obama.
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