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Viernes, 04 de Marzo de 2011 11:17    PDF Imprimir E-mail
Libia, el Irak de Obama
Artículos de Andrés Abreu

Si alguien piensa que Estados Unidos es un país gobernado por un Presidente elegido por el pueblo, está equivocado.  Este es un país gobernado por las grandes corporaciones, que tiene un Presidente elegido por los medios de comunicación, los cuales son a su vez, propiedad de las corporaciones. 

Eso explica el por qué en Estados Unidos el gobierno actúa como un intermediario entre las empresas y sus clientes y ponga en manos de éstas los servicios más elementales de un Estado, desde la comunicación de la Casa Blanca, hasta las administración de las cárceles; y explica también por qué ocurren barbaridades como las guerras de Vietnam e Irak, y ahora puede que ocurra una acción bélica en Libia.
La guerra de Vietnam tuvo varios objetivos, el primero fue detener el avance del comunismo, el cual representaba una amenaza para el mundo corporativo; segundo, expandir el mercando de la venta de armas; y tercero, ampliar el área de influencia para la explotación de recursos naturales. 
La guerra de Irak, tuvo como objetivo facilitar a las corporaciones petroleras el dominio de una parte importante de las zonas productoras del crudo del mundo árabe; beneficiar con enormes contratos a corporaciones como Halliburton; y reactivar la industria de la producción de armas y pertrechos militares.
El costo de todas estas acciones para beneficiar al mundo corporativo lo ha pagado el pueblo norteamericano.  En Vietnam, 58 mil soldados perdieron la vida, la mayoría jóvenes sacados de sus casas para cumplir el servicio militar obligatorio; y en Irak, han muerto unos 4 mil militares y contratistas.  A cambio de estas vidas, los norteamericanos han conseguido unos cuantos miles empleos mas en las zonas industriales y en las oficinas de las corporaciones.
Para justificar la enorme inversión de vidas y recursos en la guerra de Vietnam, los políticos de Washington y los medios de comunicación, le hicieron creer a los norteamericanos, que si Indochina se hacía comunista la democracia y la seguridad de Estados Unidos estarían en peligro, que Washington y Nueva York podrían ser desaparecidos por una bomba nuclear.  Vietnam terminó siendo comunista, después de haber perdido tres millones de vidas en la guerra,  y que se sepa, no ha representado ni representa una amenaza para nadie.
Para justificar la guerra de Irak, la administración de George W. Bush y Dick Cheney, le hicieron creer a los norteamericanos que ese país era una amenaza nuclear para el mundo, que desarrollaba armas de destrucción masiva de toda clase y que era cómplice con Osaba Bin Laden  de los ataques contra Estados Unidos del 11 de septiembre del 2001.
Hace ya ocho años que las tropas norteamericanas ocuparon Bagdad y nunca se encontró allí ni siquiera una muestra de la supuesta amenaza que representaba el régimen de Saddam Hussein, ni la más mínima vinculación de ese régimen con el grupo Al Qaeda de Bin Laden.
Ahora el panorama se cierne sobre el Libia, un país que cobró importancia en el mundo cuando el petróleo se convirtió en una de las mas importantes fuentes de riqueza.
Libia tiene un extenso territorio, unas de 700 mil millas cuadradas y tan solo 6 millones y medio de habitantes.  Pero para el año 1912, cuando fue ocupada por Italia, tenía apenas un millón 200 mil y ninguna importancia económica, excepto la tierra.  La Segunda Guerra Mundial marcó profundamente el destino de este país. 
Debido a su ubicación, fue campo de batalla de los aliados con las fuerzas alemanas, y debido a que la misma guerra convirtió el petróleo en la riqueza mineral mas codiciada, el territorio de Libia, que es rico en ese mineral, pasó a ser importante para las potencias occidentales, especialmente para ingleses, franceses y norteamericanos.  Inglaterra e Italia se disputaron a Libia y el conflicto terminó 1951 con el establecimiento en ese país de un gobierno títere a ambas naciones bajo la máscara de la independencia.  Así surgió el primer país independiente de África, un régimen de un monarca impuesto por occidente llamado Muhammad Idris I.  Era una monarquía al estilo inglés, con parlamento, primer ministro y Constitución.
Durante el reinado de Idris I, que duró 18 años, se establecieron en Libia las mas importantes corporaciones petroleras del mundo.  El presidente Francés, Charles De Gaulle, firmó un acuerdo con el entonces primer ministro libio, Abdul Hamid, en 1969, para conceder a dos compañías petroleras francesas la exploración y explotación por diez años de los yacimientos vírgenes de Libia.  Para ese mismo mes el gobierno libio compró armas por 420 millones de dólares al gobierno inglés. Para 1967, Libia exportó 636.5 millones de barriles de petróleo y subió su ingreso per cápita a cerca de 1,080.00 por persona, por lo cual la Naciones Unidas sacaron a Libia de la lista de países subdesarrollados.
Pero esa bonanza no tocaba fondo y se quedaba en las altas esferas de la familia real, los funcionarios y los nacientes empresarios que surgían como una clase poderosa apéndice de la inversión extranjera.
Solamente un 25 por ciento de la población estaba alfabetizada, y aunque disminuyó sustancialmente la pobreza, las distancias entre las clases sociales se hicieron abismales.
El evidente servilismo de la monarquía de un país musulmán, como Libia, a las potencias occidentales que apoyaban a Israel, comenzó a crear disgusto y comenzaron a aparecer grupos armados opuestos al régimen, hasta que en 1969 un joven militar llamado Muamar Gadafi, junto a otros miembros del ejército, dieron un golpe de estado desmantelando la monarquía de Idris I y estableciendo una república que llamaron Republica Popular Socialista de Libia.
Bajo el régimen de Gadafi se renegociaron los contratos de explotación petrolera y se llevó a cabo un programa de desarrollo social que llevó a Libia a ser uno de los países con mas alto nivel de vida. Se realizó una diversificación de la producción, a tal punto, que el petróleo, que hasta el momento era el responsable de 95 por ciento del ingreso del país, pasó a ocupar solo el 50 por ciento del PIB.  El 87 por ciento de la población fue alfabetizada, la mortalidad infantil se redujo a un 21 por ciento, y la esperanza de vida pasó a ser la mas alta del continente africano (74 años de edad).
Muamar Gadafi, nunca fue santo de la devoción de occidente debido a su actitud radical contra Israel y a su afinidad con el mundo socialista liderado por la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
Gadafi patrocinó ataques terroristas contra intereses norteamericanos, incluyendo el derribamiento de un avión de pasajeros en los años 70.  En represalia, el gobierno de Ronald Reagan bombardeó Libia en el 1986, provocando numerosas bajas civiles incluyendo una hija de Gadafi.
En el año 2002, Estados Unidos bajo el gobierno de George W. Bush, le perdonó los pecados a Gadafi, y levantó las sanciones que se le habían impuesto desde la administración de Reagan. Gadafi admitió la participación de Libia en ataques terroristas contra Estados Unidos, pidió perdón y acordó indemnizar a los familias de las víctimas de estos.
¿Qué pasa ahora con Libia? ¿No hubo un final con beso en la turbulenta relación del país árabe con Estados Unidos?  ¿Por qué ahora Estados Unidos promueve el derrocamiento de Gadafi, y amenaza con una intervención militar?
Para saber la respuesta solo hay que recordar, que según los expertos en energía, para el año 2035 la producción de petróleo en el mundo será insuficiente para mantener la actual demanda, y que Libia es una de las diez más grandes reservas de petróleo del planeta; que Estados Unidos es el país mayor consumidor de petróleo, y junto a Inglaterra, el asiento de las mas poderosas corporaciones explotadoras del crudo. Por lo que un gobierno complaciente y obediente en ese territorio, sería la bendición del Dios de los petrodólares.
El asunto no se queda ahí.  Estamos a menos de dos años de las elecciones presidenciales y el candidato demócrata Barack Obama necesita, como Súper Man, un país en peligro al cual salvar; el visto bueno de las grandes corporaciones, sin cuyas “bendiciones” ninguna campaña es posible, y el apoyo apasionante de los medios de comunicación de masas.  Todo eso lo da Libia.  Por eso hay que tomar en serio a la Casa Blanca cuando dice que "no descarta una acción militar" contra ese país.
Es decir, que Libia puede ser, sin ninguna duda, el Irak de Obama.





 

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