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Este domingo 11 de septiembre son las elecciones presidenciales de Guatemala, y según el padrón electoral de ese país, siete millones de personas irán a las urnas a elegir un nuevo mandatario. Guatemala es la nación de Centroamérica más poblada y la segunda en tamaño en la región, la habitan 14 millones de personas, de las cuales más de la mitad son extremadamente pobres. Lo que quiere decir, de acuerdo al sistema del Departamento de Estadísticas de Guatemala, que más de siete millones tienen un ingreso de menos de 822 dólares al año.
Un diez por ciento de los guatemaltecos ha emigrado al exterior, especialmente a los Estados Unidos, y las remeses que hacen éstos a sus familiares representan el ingreso más importante del Producto Interno Bruto del país. Étnicamente, de los 14 millones de habitantes que tiene esta nación centroamericana, el 40 por ciento es indígena y el 59 por ciento es hispánica y mestiza, es decir, mezcla de indígenas y europeos. La desigualdad social de Guatemala es de enormes dimensiones. Si cada guatemalteco recibiera en partes iguales lo que produce el país, el ingreso por persona, o ingreso per cápita, sería de 5 mil dólares al año. Pero la realidad es otra, solo un 1.5 por ciento de la población recibe ingresos similares a este y un porcentaje aún mas pequeño recibe unas 400 veces ese ingreso. Hay en Guatemala una enorme clase pobre (aparte de la extremadamente pobre), que si se tabulara con los parámetros de los países desarrollados se estimara en un 85.5 por ciento. Guatemala tiene una historia triste, pues sus páginas están mas cargadas de derrotas que de victorias. Hace apenas unos 15 años salió de una sangrienta guerra civil que fue el resultado de la rebelión de los que no tienen nada que perder contra los que lo tienen todo, que en este caso eran, la corporación agrícola norteamericana United Fruit, los grandes terratenientes, los empresarios, los políticos, y los militares. Guatemala fue desde principios del siglo pasado prácticamente una república propiedad de la United Fruit, ahora conocida como Chiquita Branch o Chiquita Banana. Esa empresa norteamericana fue la dueña y señora del 90 por ciento de las tierras cultivables de Guatemala, la que puso y quitó presidentes a su antojo, y todavía explota su potencial agrícola. La United Fruit como todas las grandes corporaciones norteamericanas, tenía a Washington a su servicio, el cual que armó y entrenó al ejército guatemalteco para asegurarse de que no pudiera surgir allí un gobierno nacionalista que afectara los intereses de la empresa. Los que lograron cruzar la barrera, los políticos liberales como Jacobo Arbenz, fueron acusados de comunista e inmediatamente derrocados. La United Fruit fue el sostén de varias dictaduras militares, entre las que se destacaron, la de Manuel Estrada Cabrera, que duró 22 años, la de Jorge Ubico Castañeda, que duró 13 años, y la de Efraín Ríos Montt que fue corta pero muy sangrienta. En 1979 el gobierno del presidente James Carter ordenó detener los subsidios al ejército guatemalteco debido a las graves denuncias de los crímenes cometidos por los militares contra los campesinos sublevados y sus familias. En el 1996 se firmaron acuerdos de paz con el auspicio de las Naciones Unidas y se puso fin a la guerra. Desde entonces en Guatemala se ha ido fortaleciendo una clase empresarial con la capacidad de mantener el control del estado a través del juego democrático. Como consecuencia de esto las elecciones han transcurrido con mas naturalidad y hasta pudo ser electo un candidato liberal, como Álvaro Colom, sin menores inconvenientes. Pero la paz y la democracia en el país centroamericano no han ido de la mano con el bienestar social. La pobreza en Guatemala vino a disminuir unos cinco puntos porcentuales en los últimos cuatro años durante el gobierno de Colom, pero los anteriores dejaron una secuela de miseria tan grande que sus consecuencias no se han dejado esperar. Los niveles de delincuencia se han elevado de manera alarmante, se estima que entre 17 y 25 personas mueren diariamente víctimas de la delincuencia en las calles. Los grupos de narcotraficantes de México y otros países de la región han establecido cuarteles en Guatemala, a tal punto que las autoridades se sienten ya incapaces de enfrentarlos. El irrespeto a la vida a llegado a tal nivel, que el cantautor Argentino Facundo Cabral, fue a Guatemala a dar un concierto el pasado mes de agosto y fue víctima de las balas disparadas por sicarios enviados a matar al promotor artístico que lo acompañaba cuando se dirigía al aeropuerto. Esta situación ha hecho que los guatemaltecos desvaloricen una democracia que no ha resuelto sus problemas económicos y prefieran una mano dura que por lo menos les garantice seguridad. Por otro lado, y como es normal, la clase empresarial tiene el poder de los medios de comunicación y es una de las más preocupadas por el asunto de la seguridad. No hay en Guatemala un efectivo control de los gastos de campaña de los candidatos, ni de dónde provienen sus recursos, lo que deja abiertas muchas posibilidades para un futuro incierto. Los resultados de las elecciones de este domingo, serán sin dudas el resultado de la perdida de fe en la democracia y el poder propagandístico de la clase dominante. Eso explica que pese a que los votantes son en su mayoría gente pobre, y de origen indígena, los candidatos con posibilidades de ganar son de tendencia derechista. El favorito según las encuestas es Otto Pérez Molina, uno de los ex militares de la época de lo crímenes de estado, cuya oferta de campaña es gobernar con “mano dura”.
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