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No hay que ser un superdotado para darse cuenta de que las cosas no andan del todo bien. Ni tampoco hay que comprarse unos anteojos nuevos, tipo fondo de botella, para afirmar que estamos caminando al revés como el cangrejo. La tasa de desempleo sigue alta y los precios de los combustibles se han convertido en astronautas y marcianos.
Usted no tiene que subirse en el lomo de un burro, a “puro pelo”, jalarle los pelillos donde comienza el rabo y la espalda pierde su nombre, para que el animal comience a corcovear y rebuznar dando señas de rabia y dolor. Aunque el 80 por ciento de las veces somos enviados a comer polvo de la tierra por el desafiante équido, esto no nos ciega y observamos a diario como los combustibles se encaraman como primates y changos en los árboles más altos. No tenemos que ser más papita que el Papa ni más mamita que la Madre Teresa de Calcuta para notar que el precio de los alimentos, como quien no quiere la cosa, ha ido aumentando paulatinamente antes el asombro de los comensales rabiosos que notan como las carnes de res y cerdo se van evaporando de las mesas hogareñas. No es difícil, ni tiene que serlo, ni tiene que ser vidente, astrólogo o leedor de barajas y tazas de café, para notar la ausencia del bacalao, el aceite de oliva, el salami, el arenque, el bistec, la carne de chivo y las sardinas del menú de los más necesitados. Nosotros no tenemos que lidiar gallos de pelea, ni enfrentarnos a un toro en una plaza taurina para fijarnos que los locales del Welfare y de desempleados están repletos de solicitantes en busca de algún alivio a sus estreñidas situaciones económicas. El Presidente Obama ha decidido que va a correr por la reelección el año próximo. Ningún candidato republicano ha cuajado hasta ahora como para ser un peligro al mandatario. Si el Jefe de la Casa Blanca quiere sentarse de nuevo en la silla presidencial, tiene que hacer dos cosas para salir airoso en las elecciones del año próximo: llevar los precios de los carburantes a un nivel adquisitivo para la clase media y media baja y crear nuevos empleos para saciar el hambre de trabajar de millones de norteamericanos. En un informe que dio hace varios años la organización Transparencia Internacional (TI) decía que el petróleo y el gas producen los mayores sobornos después de los contratos del mercado armamentístico. Esto significa que gracias a los vividores, intermediarios y las empresas petroleras, el mundo corre por una pista que no se sabe si termina en un abismo o en un callejón sin salida. La gente que maneja el petróleo han convertido el diario vivir en un relajo. Hace tiempo que la rosca se corrió de tanto apretar la tuerca. Honestamente no sabemos que medidas tomará el gobierno para paliar la crisis, pero lo que si sabemos es que algo hay que hacer porque esto, no lo aguanta nadie.
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