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Viernes, 26 de Marzo de 2010 11:04    PDF Imprimir E-mail
Un correazo para China (1ra parte)

Hace ya muchos años, allá en mi tierra natal, leí en un periódico local un artículo acerca de la vida social de los chinos en nuestros países latinoamericanos. Cuando el periodista hablaba de “chinos”, se refería a ciudadanos de todo el Asia oriental: japoneses, chinos continentales, chinos de Taiwán, vietnamitas, camboyanos, coreanos de las dos Corea y otros habitantes de esa parte del globo terráqueo. Las características de estas personas, el ciudadano común las describe como gente de ojos “alagartados”, el pelo lacio, no muy altos y hay otro peculado principalmente en el sexo femenino y que la gente con morbo dice que las chinas tienen “la criatura” atravesada.
Decía el distinguido periodista Silvio Herasme Peña en ese artículo que los chinos no eran personas sociales. Decía que los chinos no visitan personas que no fueran de su raza, no comen en restaurantes con otro tipo de comida al igual que no hacen ningún tipo de negocio con otros ciudadanos que no sean chinos.
Los chinos que conocí en mi país, la mayoría eran persistentes jugadores. Eran enfermos con el juego. Recuerdo que cerca de la universidad donde estudiaba, había una cafetería china que vendía un sándwich de huevo con jamón muy bueno y barato que lo hacía  acompañar de un jugo de naranjas naturales exprimidas frente al cliente. Regularmente el nacional chino que atendía el lugar era el propietario, teniendo como empleado otro coterráneo de su misma raza haciendo los quehaceres de limpieza. Un día que me tocó desayunar en el lugar antes de asistir a clases, noté que el empleado atendía los clientes y el que me suponía era el dueño del negocio lavaba las vasijas sucias.
Pregunté a Chon, como se llamaba el patrón del lugar, el por qué estaba fregando los platos y el que debía de hacerlo estaba en el frente; me dijo que ya él no era el jefe. Había perdido la cafetería jugando con su empleado la noche anterior.
Millones de habitantes de esa zona de La Tierra emigran anualmente a otros países, siendo sus metas anheladas los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. El pueblo chino siempre ha estado subyugado, antes de Mao y después de la muerte de éste. Se dice que China es la primera economía del mundo, pero a sus ciudadanos se lo está llevando el mismísimo diablo. Un grupo de oligarcas dizque comunistas hacen lo que le viene en gana. China ha alcanzado esa fama gracias a la fabricación de chatarras que inundan los países de occidente. Millones de habitantes de estos países se rompen la ropa, tiran el grito al cielo y dicen miles de malas palabras cada vez que compran un objeto “Made in China” y al poquito tiempo tienen que tirarlo a la basura.
No sólo son los electrodomésticos lo que son problemáticos, sino que hay que tener buenos ojos para comprar cualquier producto alimenticio que venga de esos lugares. Esa gente le importa poco echarle veneno (el caso de las pastas de dientes, pintura tóxica en juguetes,…etc.) a cualquier producto de exportación con la sola idea de hacerse más ricos. No me acusen de anti-chino, no lo soy ya que tengo admiración por ese pueblo, pero en la prensa mundial no es raro que salgan a diario noticias de productos hechos en Asia que han sido alterados ó que no reúnen las normas sanitarias para ser consumidos.
Los chinos no visitan los restaurantes de otras etnias, pero sí hay que ir a comer su comida aunque usted vaya en media hora al baño con una diarrea producto de consumir comida saturada de ácido glutámico, ingrediente prohibido en la cocina norteamericana pero que a los chinos les importa un comino.
Ellos no son tontos, tienen su moneda con un falso valor porque saben que si sus productos suben en el mercado norteamericano, miles de estas industrias explotadoras se van a pique. ¿Quién va a comprar un televisor chino si otro de mejor calidad sólo va a costar algunos dólares extras? Se lo dejo de tarea. (Continuará).
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