Bienvenido a EL Vocero Hispano
Viernes, 14 de Mayo de 2010 09:59    PDF Imprimir E-mail
Aquí todo se vale (Primera parte)

Recorriendo las calles de América, como llaman los inmigrantes no latinos a los Estados Unidos; no es raro ni tampoco extraño, encontrarse en las decoraciones exteriores de los hogares con escenas propias que recuerdan los países de origen de los millones de habitantes que han emigrado a este hermoso país.
Cuando residía en el estado de Massachussets, usualmente visitaba unos amigos originarios de Baní, República Dominicana en la comunidad de Peabody. En esta ciudad vive una gran cantidad de ciudadanos portugueses, y como Portugal es un país que depende en gran porcentaje del mar para alimentarse, no era raro que el olor a pescado frito te llegara de lejos. Se oía además el toca discos con esa música tristona portuguesa a todo volumen. Para adentrarte aun más en el corazón del país europeo, era normal escuchar los gallos cantando a toda hora (algo prohibido en áreas residenciales en este país). Me gustaba ir de compras a las tiendas portuguesas. Una de las mejores masas de pan (bolillo) que conozco es la de la panadería de este país. Otras cosas que compraba era bacalao (tenían como doce variedades), aceitunas, quesos y aceite de oliva.
En Astorias (Queen, New York) vive la comunidad griega más grande del país. En verano es una delicia degustar un café frío en las mesas colocadas al aire libre además de comprar comida mediterránea en los supermercados griegos del lugar.
El asado a la parrilla de los griegos es indiscutible. Ellos preparan una salsa compuesta de orégano tostado y molido, ajo triturado, limón amarillo, aceite de oliva y sal. Untaban las carnes con este aderezo cuando casi estaban cocidas y luego las ponían al fuego de nuevo. El olor invadía toda la colonia.
Nos dábamos cuentas de que una familia italiana vivía en un lugar por la cantidad de flores y adornos que utilizan en las yardas frontales de los hogares. En las casas de los italianos de menos ingreso se podía hallar cajas de frutas vacía, una van ó un bus con muchos años, varios perros y ropas tendidas al sol. Las imágenes de la Madonna ó Mi Señora traducido al español son tan comunes como las imágenes de la Virgen de Guadalupe en los hogares mexicanos. Es tan fuerte la influencia de la Madonna en los italianos que le tienen un monumento en Needham, al norte de Boston, en el cual la estatua está bañada en oro. Tiene que llevar lentes oscuros para contrarrestar los efectos de las velas y el brillo aurífero.
Hialeah (zona metropolitana de Miami) es una ciudad donde el 89% de sus habitantes habla español. La mayoría de sus habitantes son cubanos y descendientes de estos que emigraron luego del triunfo de la revolución cubana en 1959. El olor del café inunda las calles de esta comunidad. La “coladita” cubana es un café expreso hecho en una greca o maquina especial para esta bebida. El que tiene sueño, con un sorbito de este café, despierta más rápido que inmediatamente.
En Hialeah usted puede observar grupos de nacionales cubanos (la edad promedia los 70 años) sentados en las afueras de cualquier cafetería comentar cuantos años les queda a los Castros Ruz, hijos de los difuntos Don Ángel Castro y Lina Ruz. Puede escuchar el canto de todas clases de aves y en especial el canto de los sinsontes y tocororos. Una “pela de lengua” de una vecina a otra, una gallina que cocorea después de poner un huevo y el olor a tabaco de los puros cubanos pero hechos en Honduras y Santo Domingo. Eso es parte de Cuba en los Estados Unidos así como los nacionales haitianos que residen en la Pequeña Haití.
Esta comunidad es la ciudad de Puerto Príncipe trasladada a Miami antes de ésta ser destruida por el terremoto del pasado enero. Mujeres con los senos al aire, niños como Dios los trajo al mundo corretear por las aceras, personas cocinando fuera del hogar, camionetas y guaguas pintadas (para mí, embarradas) con decenas de pinturas diferentes y con temas esclavistas. Ellos son felices. Tienen parte de Haití con ellos. Viven en América, pero no han dejado atrás su background. Mantienen las hojas pegadas al cuerpo, como diría mi amiga Rhina.
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