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Artículos de Ramón Peralta
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El año pasado el asunto de la inmigración fue escasamente tratado en los medios y sólo se oyeron las voces de los que pensaban, que los problemas de la crisis económica habían hecho olvidar al Presidente Obama, la promesa de traer ante el Congreso las leyes concernientes a la inmigración. Una vez apuntalados los principales problemas económicos, los asuntos inmigratorios adquirieron una atención inusitada pero no en la dirección que se esperaba. La ofensiva política ha sido tomada por aquellos que proponen que hay que limpiar el país de la presencia de indocumentados antes de que el Congreso se embarque en buscar las soluciones pertinentes.
Hasta el presente no se ha oído ni una sola voz desde el Congreso ni tampoco de la administración Obama, indicando la intención de presentar alguna legislación que apuntale el problema inmigratorio. Se atribuye la apatía y los oídos sordos de los legisladores al hecho, de que el tema de la inmigración es un tema controversial en víspera de las elecciones congresionales del próximo noviembre. Da la sensación que los Demócratas que controlan hasta ahora las dos Cámaras consideran que el momento no es oportuno para lanzar una iniciativa inmigratoria porque temen que se revierta contra ellos en las votaciones. Esa postura, a mi entender, no es más que una bofetada en la cara a los votantes hispanos que en las pasadas elecciones votaron abrumadoramente a favor de los candidatos Demócratas y del propio Obama. Esa manifestación de apoyo fue producto de las promesas que se hicieron en la campaña a favor de introducir una legislación que diera solución al problema inmigrante que, desde el punto de vista político, es el asunto de mayor trascendencia para la comunidad y los votantes hispanos. La indiferencia de los legisladores y la administración Obama, ya después de dos años, ante el tema de la inmigración, pone en peligro de que el asunto caiga en el limbo político y por consiguiente, se siga dando rienda suelta a la política de persecución y deportación indiscriminada contra inmigrantes indocumentados, trayendo sufrimientos y desequilibrio familiar entre los afectados. Según las recientes encuestas hay una posibilidad muy alta de que se altere la composición del Congreso en las elecciones de noviembre próximo y que el Partido Republicano asuma el control de una de las Cámaras. De suceder esto, las esperanzas de pasar unas leyes de reforma al sistema de inmigración se postergarán hasta no se sabe cuándo. Para nadie es un secreto, que amplios sectores del Partido Republicano están en desacuerdo de que se regularice el status de los inmigrantes indocumentados que residen en territorio norteamericano, si antes no se establece un control total de la zona fronteriza. Al ponerse esto como precondición significa que el asunto va para largo porque, según los entendidos en esta materia, es casi imposible en un corto plazo establecer absoluto control sobre la larga frontera. Las propuestas más aceptables son las que sugieren como primer paso, la aprobación de una serie de leyes que tengan como propósito la regularización del status de los millones de indocumentados residentes en el país y que al mismo tiempo se enfrenten los problemas de la frontera. Estas propuestas son las que los Demócratas han echado al olvido y lo que será difícil resolver con un mayor poder de los Republicanos en ambas Cámaras del Congreso. De manera que no hay esperanza de que tengamos nuevas leyes de inmigración en un futuro cercano.
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