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En el artículo pasado señalé, que la colonia de Saint Domigue, lo que hoy es Haití, fue convertida en una sola plantación cuyo módulo principal era la caña de azúcar, que a su vez descansaba en el trabajo esclavo traído desde Africa.
El régimen esclavista de la plantación fue brutal. Los castigos para diezmar y lograr someter al esclavo al sistema alcanzaron límites increíbles y no existía la mínima consideración humana. Sólo los trabajos en las plantaciones cañeras bajo el sol abrazador del trópico bastaban para agotar las fuerzas vitales del esclavo. Los obligaban a trabajar 16 horas diarias. A esas pésimas condiciones de trabajo se unían los castigos. El hechizo, el látigo y las quemaduras eran los castigos más usados. El esclavo era un instrumento de trabajo y como tal era tratado. El desgaste o la desaparición física del esclavo no eran tomadas en mucha consideración, debido a que la oferta del esclavo en el mercado era abundante. El mercado negrero suplía las piezas a la demanda de la plantación. Los castigos no solo se limitaban a las brutalidades físicas sino también a las psicológicas y culturales, que buscaban destruir todo vínculo de solidaridad del esclavo en la plantación. Por eso, las prácticas de sus costumbres ancestrales y tradiciones, especialmente religiosas, eran terminantemente prohibidas en las plantaciones. Aún la enseñanza cristiana, que era la ideología del sector dominante, no era asiduamente inculcada al esclavo. Es más, los propietarios de plantaciones se oponían a que a los esclavos se les diera una auténtica evangelización. No se permitió el uso del tambor, ya que el plantador siempre pensó que podía ser usado como medio de comunicación por el esclavo. Tampoco se ofreció al esclavo la mínima posibilidad de educarse, para así alejarlo más de que pudiera conocer sus derechos fundamentales. En contraposición a la vida de sumisión y explotación del esclavo estaba la vida suntuosa y de boato de los plantadores y las clases dominantes, como los mercaderes y los que ejercían las funciones burocráticas de la colonia. Muchos de ellos pasaban sus prolongadas vacaciones en Paris, mostrando sus riquezas y exponiendo sus ostentaciones. “Ser rico como un criollo” fue una frase que se hizo popular en la alta sociedad parisina de esos tiempos. El estamento social estaba bien definido en la colonia de Saint Domingue: El sector dominante, compuesto por los colonos plantadores y grandes comerciantes, y un sector dominado, integrado por los esclavos y todos los que servían fuera de la plantación, donde había un sin número de esclavos dedicados a oficios domésticos y otros oficios colaterales. Había un tercer grupo que lo integraban dueños de pequeñas tiendas, artesanos y pequeños plantadores. Este sistema social se mantuvo estricto por mucho tiempo. La movilidad social fue escasa, a pesar de que ya a finales del siglo XVIII, había un sector mulato que había escalado posiciones en los estratos sociales medios. En sentido general esta era la situación de la colonia francesa de Saint Domingue, que como señalé en el artículo anterior, se convirtió en una pieza económica clave del imperio francés. El papel económico de la pequeña colonia fue tan destacado que a mediado del siglo XVIII cerca del 70% de las exportaciones de Francia provenían de Saint Domingue. La situación de la colonia se mantuvo estable hasta que a finales del siglo XVIII sucedió un acontecimiento, que conmovió a Francia y a todo el mundo occidental; me refiero a la Revolución Francesa. Ese acontecimiento que trajo abajo el dominio de la nobleza y puso en tierra los principios liberales burgueses de la igualdad y la libertad económica, se sintió estruendosamente en la colonia de Saint Domingue, es decir Haití. Pero de eso voy hablar en el próximo artículo.
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