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Viernes, 05 de Marzo de 2010 11:03    PDF Imprimir E-mail
El Haití histórico (Parte 3)
Artículos de Ramón Peralta

El estallido de la Revolución Francesa en 1789 y las ideas que la impulsaron, repercutieron grandemente en todo el mundo occidental y sobre todo en la colonia francesa de Saint Domingue. Las consignas de libertad, igualdad y fraternidad que se enarbolaron durante la Revolución Francesa, fueron reclamadas ardientemente por los plantadores franceses de la colonia pero con la excepción, de que los esclavos fueran excluidos de esos derechos y se mantuvieran como tales. Es decir, los esclavos no tenían el derecho de disfrutar de las reivindicaciones que el pueblo llano había arrancado con su sangre y que ahora los plantadores querían hacer suyas. Ante la negativa de la clase plantadora de reconocer los derechos de ser libres a los esclavos y a los sectores medios mulatos, dio lugar a que éstos comenzaran a buscar otros medios no pacíficos para que sus derechos se hicieran cumplir. Así se produjo una primera rebelión encabezada por dos mulatos, Oge y Chavannes. Esa rebelión aunque fue salvajemente derrotada, dejó sembrada la semilla que germinó  nuevas rebeliones y que en 1791 se convirtió en una guerra total.
Con el fuego de la tea, el sonido de los tambores y las imploraciones a sus dioses protectores, los esclavos hicieron tierra arrasada a la plantación y asumieron el control total de la colonia. El liderazgo del movimiento revolucionario fue asumido por Toussaint L’Ouverture antiguo esclavo y poseedor de una gran conciencia de los derechos de su clase.
La presencia del estado esclavista en la parte Este española, fue percibida por la revolución haitiana como un peligro a su existencia. Por eso, Toussaint determinó su ocupación, quedando la isla entera bajo el dominio de los antiguos esclavos.
El triunfo de la revolución se tornó en un desafío para el gobierno francés, que después del tumulto de la Revolución había vuelto al absolutismo, esta vez bajo Napoleón Bonaparte. El nuevo jefe francés tomó como una burla de mal gusto que el imperio fuese desafiado precisamente por antiguos esclavos. A la sazón envió un ejército de más de 10,000 hombres, encabezado por su sobrino el General Lecler, para recuperar la colonia perdida y arrebatar el poder a los antiguos esclavos. Después de fieras batallas, Toussaint se vio obligado a capitular y fue llevado a Francia, donde murió en un calabozo. Al caer en manos francesas, el gran soldado negro proclamó: “Destruyéndome, solamente habéis derribado en Saint Domingue el tronco del árbol de la libertad. Renacerá de sus raíces que son profundas y numerosas.”
Las palabras de Toussaint fueron proféticas. La lucha se renovó en 1802 bajo el liderazgo de Jean Jacques Dessalines. Esta vez el ejército imperial fue derrotado y arrinconado en la parte Este de la isla. En 1804 los haitianos proclamaron su independencia, convirtiéndose en la segunda nación americana en lograr su soberanía.
La vida independiente haitiana no siguió el derrotero épico de su gran revolución. En eso tuvieron que ver razones internas y externas. En lo externo, las grandes potencias imperiales, que vieron la revolución haitiana como una gran bofetada a sus intereses coloniales, decidieron aislar y ahogar económicamente a Haití. Así lo hicieron, obligando a los haitianos a sobrevivir en el aislamiento. Sin embargo, Haití pudo sobrevivir  dentro de las precariedades.
En el orden interno, el nuevo estado fue afectado por las luchas intestinas de sus líderes, que en muchos momentos no supieron hacer distinción entre los intereses personales y los de la nación. Haití, como los demás estados libres que surgieron en tierras americanas, fue víctima del caudillismo y el personalismo de sus líderes y de las élites ricas que controlaban el poder. El desequilibrio político pautó la vida del estado haitiano.
El rio revuelto de la inestabilidad política fue aprovechado y otras veces incentivado por las potencias hegemónicas que controlaron el área, que en vez de ayudar a levantarse al pueblo haitiano de su letargo, lo hundieron más en la pobreza y en el desequilibrio político. Para eso, usaron gobiernos títeres, dictaduras y también, la intervención directa.
Esa es y ha sido la realidad histórica haitiana. Un pueblo diezmado y abandonado a su suerte. Hoy como una ironía, después del desastre de la reciente tragedia, muchos han querido resarcir ese pasado ofreciendo ayudas que no van a remediar los problemas ancestrales del pueblo haitiano. El terremoto aún cuando trágico sólo ha mostrado el iceberg de un problema más profundo y que estoy seguro que no hay voluntad internacional para resolverlo. El hambre y el desamparo del pueblo haitiano eran hartos conocidos. Cuando hubo elementos internos en el pasado reciente que quisieron emprender un camino diferente para aliviar la situación haitiana, esa misma comunidad internacional, que hoy se muestra generosa, bloqueó e impidió que esas alternativas progresaran. Eso me da a entender, que a pesar de la tragedia y las promesas que ha despertado, Haití y el pueblo haitiano seguirán el mismo destino que su historia nos ha mostrado.




 

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