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Viernes, 07 de Octubre de 2011 09:33    PDF Imprimir E-mail
El camino recto de los valores
Artículos de Ramón Peralta

En un libro sobre la vida de la Madre Teresa, prologado por Dezmond Tutu, Arzobispo Anglicano de Sudáfrica y Premio Nóbel de la Paz, éste habla sobre lo que en su cultura se denomina Ubuntu.
Según Tutu, el término quiere significar la acción del individuo hacia los demás seres humanos y cómo se ven ellos mismos en sus íntimas relaciones dentro de la amplia comunidad. El Ubuntu, en última instancia, denota la esencia de lo que es un ser humano. Continúa diciendo Tutu, que el concepto tiene dos partes: La primera es, que la persona es amistosa, hospitalaria, generosa, gentil, dedicada y con compasión.  En otras palabras, es una persona que usará sus potenciales a favor de los demás y que nunca sacará ventaja del otro. Esa persona trata a los demás como ella quiere que la traten. De ahí se deriva la segunda parte del concepto, que tiene que ver con la apertura y así, mi humanidad está intrínsecamente ligada a los demás. 
La excelencia de ese pensamiento refleja, la persona de donde viene y a la vez a la que se le rinde culto: la Madre Teresa. Ambos, portadores de los valores más excelsos y parte de la conciencia más sana  de la humanidad en el siglo XX.  Junto a Nelson Mandela formaron la trilogía  de la entrega sin condiciones a las causas de la lucha por la dignidad humana y el respeto a la persona.
Fueron baluartes contra la barbarie del odio racial y la postración del ser humano cuando es acosado por el hambre, desnutrición y la pobreza extrema.
Las riquezas, el boato y el exhibicionismo vacío de las cosas materiales no atormentaron sus vidas. No se abrazaron al orgullo de la fama. Todo lo contrario, cuando la fama los tocó se hicieron más humildes y solo la usaron cuando les sirvió como camino para servir a otros.
Entendieron a profundidad que darse a los demás es salirse de si mismo para entender mejor lo que somos. Así dice Tutu: “Nadie viene al mundo completamente formado. Nosotros no sabríamos cómo pensar o caminar o hablar o conducirnos, al menos que no lo aprendiéramos de los demás seres humanos. Nosotros necesitamos los otros seres humanos para ser humanos.”
A pesar de que ese es el retrato de la esencia del ser humano no sabemos por qué hemos tenido una historia de guerras, beligerancias salvajes, odios, rencores inútiles, opresión y toda clase de maltratos gratuitos contra otros seres humanos.
Los grandes valores humanos se pierden cuando en las sociedades se rinde culto al individualismo, a la fama superflua, a la vanidad del dinero y a la ostentación material. Acaso esos no son los valores que se nos meten entre los ojos a través de los medios y sus portadores se ponen como modelos a imitar?  Nos llenan las cabezas de basura y nos convierten en sus zafacones. Miles de millones se invierten para hacernos más estúpidos y dejar de pensar que somos seres pensantes.
A pesar de los avances y de los adelantos técnicos, el pensar cada día se hace más raro entre las comunidades.  Somos arrastrados como corderos para que actuemos y hagamos lo que otros quieren. Cuando abrimos los ojos y nos damos cuenta que lo que existe no está al servicio de los grandes valores humanos, somos acusados de beligerantes y rebeldes, y por tanto, de seres raros.
Los tres seres humanos que cité al principio: La Madre Teresa, Nelson Mandela y Desmond Tutu, fueron considerados durante largos años de sus vidas como personas insignificantes y peligrosos en las sociedades donde vivieron y sirvieron porque cuestionaron y criticaron el sistema de valores prevalecientes en sus sociedades.  Unos porque se opusieron radicalmente contra la opresión y los abusos de un régimen que legitimó el racismo como modelo social, y la otra, la Madre Teresa, porque se opuso al boato mientras otros morían por el hambre y la pobreza. Así lo confirma cuando dijo: “Si todo el dinero que está siendo gastado para buscar maneras de matar gentes, se hubiese usado para alimentarlos, darles casas, vestirlos y educarlos, qué hermoso fuera este mundo…”  Y por otro lado dice: “A corto plazo puede ser que tengamos vencedores y perdedores en esta guerra a que nos han inducidos, pero esto nunca podrá, ni nunca justificará el sufrimiento, el dolor, y las pérdidas de vida que sus armas causarán…Ustedes podrían ganar la guerra pero cuál será el costo en las gentes que terminarán perdiéndolo todo, inhabilitados y sin nada.”
Hoy se rinde culto a muchas cosas pero no a estos grandes valores. Nos hacen verlos en los altares pero no ponen sus valores en las mentes y los corazones de los seres humanos. Hacerlo, es crear problemas a la “felicidad” del mundo en que vivimos: al mundo del estrellato y las luminarias del dinero y del culto al individualismo.   

 

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