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Por Ramón Peralta
En las últimas semanas, los medios han estado trayéndonos las noticias de las funestas leyes de inmigración que pasó la legislatura de Alabama. Aunque los tribunales han anulado algunas de sus disposiciones, todavía quedan previsiones que han puesto en vilo a la población inmigrante hispana de ese estado.
Los padres han dejado de enviar sus hijos a las escuelas porque la ley obliga a las escuelas reportar los nombres de los niños, hijos de padres ilegales, aunque estos sean ciudadanos americanos por haber nacido en este territorio. Pero los padres, que son ilegales pero no brutos, inmediatamente comprendieron, que la táctica de reportar los niños no estaba dirigida a los niños mismos sino a identificar a sus padres. Cientos de familias se vieron obligadas a dejar el estado. Esto trajo desasosiego e intranquilidad en la generalidad de la comunidad hispana. Enfrentar lo incierto sin estar avisado, no es una situación fácil, sobre todo cuando se trata de familias de escasos recursos. Por otro lado, el hecho de estar al margen del capricho policial para ser reportado a las autoridades de inmigración, no es una condición para que alguien pueda vivir y trabajar tranquilo. Eso es como vivir en un estado de sitio bajo un régimen de fuerza, donde no se garantiza la libertad de circulación y la persona está expuesta a perder su libertad en el momento menos pensado. Aún cuando se trata de leyes que ponen en riesgo principios fundamentales de derecho, ya que, a los apresados, catalogados como ilegales, no se les conduce a tribunales para decidir sus casos, hay quienes siguen alimentando la implementación de estos procedimientos a espalda de la tradicional práctica democrática del llamado “due proccess”, o sea, que una persona no puede ser apresada de manera indeterminada sin que se atienda su caso, debidamente representado, en un tribunal. De esto se olvidan, los que alrededor del país siguen gritando, que la mejor medida para enfrentar el problema de la inmigración ilegal, es promoviendo este tipo de leyes ajenas al estado de derecho que se supone vive este país. El único elemento común que poseen los que nacionalmente están impulsando este tipo de leyes es, que son afiliados al Partido Republicano y su ala ultraconservadora del llamado “Tea Party”. Eso ha quedado evidenciado en el presente proceso de selección de candidatos que llevan a cabo dichos grupos y donde se han puesto de manifiesto sus ideas radicales al problema de la inmigración ilegal. Las propuestas de esos candidatos dejan pálidas a las que ya se han puesto en práctica en Arizona y Alabama. En un acto de campaña celebrado en Iowa, dos de los candidatos, Herman Cain (único afro-americano del grupo) y Michelle Bachmann, se fueron de boca al referirse al tema de la inmigración ilegal. Herman Cain dijo específicamente, y aquí citamos lo que apareció en el New York Time del viernes 15, que “él construiría una malla eléctrica en la frontera con México que pueda matar a las gentes que intente cruzar ilegalmente.” Más adelante añadió que: “…él usaría tropas militares con armas y balas reales, para detener a los intrusos.” A la pregunta de que sus declaraciones pudieran ser consideradas insensitivas, el Sr. Cain dijo: “Es insensitivo para ellos estar matando nuestros ciudadanos, matando nuestros agentes fronterizos…Esto es lo que es insensitivo y este desorden tiene que terminarse.” Por otro lado, Michelle Bachmann, que cada vez que habla mete la pata, dijo que la inmigración ilegal es “una amenaza económica y también para la seguridad.” Y luego añadió: “Este asunto (se refiere a la inmigración ilegal, R.P.) no puede ser permitido sin una respuesta de lucha.” La Sra. Bachmann, que se proclama más cristiana que la Magdalena, echó su diatriba anti-inmigrante a pesar de la alerta hecha a los candidatos por asociaciones evangélicas, llamando a los candidatos Republicanos a que disminuyan sus retóricas y propuestas inmigratorias por el hecho de que estaban alienando a los hispanos que en tiempo reciente han venido ingresando en las iglesias evangélicas. En ese sentido y citando nuevamente al New York Time, el reverendo Brent A. Wilkes dijo: “Sugerir que ellos –se refiere a los hispanos- debieran ser electrocutados o muertos por disparos sería como tratarlos a ellos con más fuerza como nosotros tratamos a los asesinos y violadores.” Ambos candidatos después de meter la pata, quisieron sacarla. Pero ya era tarde, lo dicho estaba dicho y no con ligereza. El domingo pasado, en el programa “Meet the Press”, el Sr. Cain dijo, que cuando se refirió a lo de la malla eléctrica fue un chiste y no algo serio. ¡Oh! y lo que dijo después, que fue tan serio como lo primero? Da pena que al Sr. Cain se les subieran los humos a la cabeza y por complacer a la audiencia del Tea Party, se le olvidaran los 400 años de oprobio, sumisión y maltratos a que fueron sometidos sus descendientes, que precisamente no están alineados a su corriente partidaria. La única suerte para los inmigrantes indocumentados, que hoy son perseguidos y acosados es, que el chance de que el Sr. Cain y la misma Bashmann alcancen la presidencia es muy mínimo, no solo porque no tendrán el suficiente dinero para proseguir con sus campañas, sino porque son candidatos que hasta ahora han demostrado poco juicio político y sin eso es imposible ganar. De todas maneras, que Dios nos libre que uno de esos alcance la presidencia.
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