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Artículos de Ramón Peralta
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La farsa electoral con que se quiso cerrar el último acto de la trágica comedia del golpe que liquidó la democracia hondureña y que dio por resultado la elección de un Lobo, ha dejado la situación de Honduras igual que cuando la gobernaron los cavernícolas del golpe. Cambiaron el amo pero el rebaño sigue igual y como en el cuento aquel, el Lobo se comió a Caperucita.
Pero lo que pasó en Honduras no es nuevo. Allí se hizo lo que se hace con otros pueblos. Cada cuatro años se convoca a votaciones, otros le llaman elecciones, para decir que eso es “democracia”, el gobierno votado por las mayorías pero manipulado por las minorías. En Honduras se hicieron las votaciones para legitimar un golpe, que vaya la ironía, se había dado precisamente contra uno que las mismas mayorías habían votado para gobernar. Es decir, que allí la “democracia” adquirió un elemento muy singular: se dio un golpe contra la “democracia” y se uso la “democracia” para legitimar el golpe que se había dado. No hay que ser muy inteligente para decifrar este fraude. La comedia de las votaciones se montó también, para complacer a los que de fuera no estaban contentos con la situación del golpe y que eran firmes creyentes de que las votaciones era la única manera de que los perpetradores del golpe salieran absueltos. Una vez se dieron los resultados y se declaró al Lobo ganador, los “rabiosos” opositores del exterior se dieron por complacidos porque la “democracia” había vuelto a Honduras. De inmediato se echó al olvido el pasado inmediato para volver al real pasado. Todo fue factible por las condiciones históricas que han condicionado al pueblo hondureño. En los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, cuando países que rodean a Honduras, vivían momentos de luchas y rebelión en búsqueda de reivindicaciones, Honduras permanecía amnestesiada y era usada como cabeza de playa por tropas extranjeras para combatir los movimientos de lucha en los países vecinos. Los grupos de poder se consolidaron como en ninguna otra parte y no dieron margen a que las mayorías tomaran conciencia de su rol como sucedió en otros países. Eso fue lo que posibilitó que el golpe a Zelaya se legitimara y para que se montara sin ninguna dificultad la comedia de las “votaciones” que instalaron al Lobo en el poder. ¿Qué ha pasado después que el Lobo ocupó el poder? Los golpistas y usurpadores del poder están en sus mismos cargos y posiciones, gozando de los mismos privilegios que gozaban antes. No lo mismo ha pasado con los que se opusieron al golpe y a la farsa electoral que se montó para justificarlo. La desaparición y persecución de los seguidores de Zelaya continua como en los mejores días en que gobernaban los golpistas. Recientemente se informó que han sido asesinados 5 periodistas y otros han tenido que huir del país en busca de protección. No por casualidad todos estos periodistas fueron los que durante la vigencia del golpe mantuvieron una posición independiente. Lo mismo sucede con los miembros y dirigentes del movimiento que han mantenido una posición firme de apoyo a las mejores causas de Honduras y que no se sienten complacidos con el curso que ha seguido los hechos. En otras palabras, las cosas siguen igual que antes aún cuando el Lobo dice que Honduras vive la “democracia”.
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