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Por Ramón Peralta
En la juventud se forjan los años del futuro. No por otra razón exclamó el poeta: ¡Juventud divino tesoro! Pero en nuestra comunidad hispana hay muchos jóvenes que están dejando que otros carguen con el tesoro que les pertenece. Muchas razones hay detrás de este fenómeno.
En primer lugar, hay muchos de nuestros jóvenes que piensan, que lo más importante es lograr a como dé lugar la retribución del momento. En ese sentido, se embarcan en el duro trabajo que les ofrece una factoría u otro oficio para satisfacer sus necesidades inmediatas, olvidando que actuando así echan a un lado la educación, que es el único medio que puede garantizarles la estabilidad económica y social a largo plazo. Dos factores explican esta actitud. Los jóvenes que así proceden, se debe a que vienen de hogares pobres donde satisfacer las necesidades inmediatas adquiere prioridad a lo que pueda ofrecer el futuro. Otros actúan así por las presiones que ejerce la sociedad de consumo y donde el joven es arrastrado a competir a como dé lugar. Tener un carro, vestir la ropa más sofisticada del momento, comprar el abrigo y el tenis más caro, son entre otras, las presiones que muchas veces doblegan la voluntad de los jóvenes a no ver más allá de lo inmediato. Otro factor, que tiene tanta fuerza como los anteriores, es la incidencia de la influencia familiar. Muchas de nuestras familias que se aventuraron a echar suerte en esta sociedad, lo hicieron impulsadas por la escasa retribución que le ofrecía el trabajo en sus países de origen y donde la educación no constituía una opción. Para esas familias el trabajo es la única alternativa. Por eso, les cuesta entender que la educación de sus hijos sea una opción válida, lo que se traduce en que el estudiante no encuentre el estímulo familiar necesario para emprender el camino de la educación. Sin la participación activa y decidida del hogar es imposible que un niño logre comprender la importancia que la educación tiene para su futuro. De nada vale el esfuerzo del maestro y de la escuela si la familia no pone la parte que le corresponde. No solo basta enviar los niños a la escuela, hay también que estar pendiente cómo van en su aprovechamiento y brindarle apoyo en sus labores escolares. Los padres deben poner atención a las tareas y restringir otras actividades hasta que los niños cumplan con sus deberes escolares. Usualmente se oye la queja de los padres de que los niños no quieren hacer sus tareas o que no quieren levantarse temprano para ir a la escuela. Es lógico que ellos actúen así. Lo que no es lógico y permitido es, que haya padres que consientan a sus hijos pequeños hacer lo que ellos les viene en ganas. Los padres son los llamados a trazar las reglas a seguir en la casa. La familia es la primera sociedad donde se forja la conducta y el carácter de un niño. Si no hay sentido de autoridad en esa primera sociedad, el niño más tarde no obedecerá a los que representan la autoridad en la sociedad grande, es decir, a los maestros y a todos los que desempeñan funciones de mando. Imponer el sentido de autoridad tiene que comenzar en los primeros años de la vida del niño. Cuando hablo de autoridad, entiéndase la persona que traza la reglas de juego en el hogar inculcando los valores del buen actuar. Hay padres que quieren hacer eso cuando ya es tarde y cuando el niño ha tomado como modelo de conducta lo que oye y ve en la calle. Entonces, lo que menos le importa es lo que se dice en el hogar y por tanto, en la escuela. Esas son algunas de las razones que hoy están influyendo en el incremento de la deserción escolar entre los jóvenes hispanos. Los números son tan alarmantes de la misma manera que las consecuencias que se desprenden de ellos. Los datos son contundentes en este sentido. El 85 % de los jóvenes que comenten actos criminales han desertado de las escuelas. De manera que hay una relación directa entre el crimen y la deserción escolar. Si usted echa un vistazo a los periódicos o ve las noticias en los medios, podrá notar que cada día es más frecuente la aparición de apellidos hispanos en los hechos de delincuencia. Esto debe ser motivo de preocupación. Hay que poner mayor atención en la educación de nuestros niños, no solo por el hecho negativo de la delincuencia, sino porque es el único medio por el que ellos pueden alcanzar un mejor futuro.
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