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Decía José Martí, Padre de la Patria Cubana, que en política las cosas más importantes son aquellas que no se ven. Por eso, la realidad política no es tan simple como parece y en muchos casos es muy difícil descifrarla porque lo que se ve solo refleja una parte de la totalidad y a veces muy distorsionada de lo que en realidad es. Se parece a un iceberg, que la punta flotante que se ve, no refleja la verdad de toda la realidad que se esconde bajo el agua.
La misma similitud se puede aplicar al movimiento político de reciente aparición y que se ha denominado “Tea Party”. El nombre fue copiado de un movimiento que desempeñó un importante papel durante la gesta de independencia del país. He aquí, donde está el primer engaño: el “Tea Party” de ahora, de patriótico tiene muy poca cosa y está muy lejos de emular las acciones del originario Tea party. Su aparición desde un principio ha estado ligada a sectores del Partido Republicano, que después de la derrota electoral, han querido reinventarse y presentarse con otro disfraz, aunque los del “Tea Party” dicen lo contrario. Las consignas que levantan, son en su totalidad las que por años han sido la patente de marca de la política Republicana: la reducción de los impuestos y la reducción de la esfera de acción del gobierno. A esas demandas se han agregado otras, que retratan de cuerpo entero al “Tea Party” como una organización ultranacionalista, cuyo objetivo no es solo desacreditar todo lo que la presente administración hace, sino presentar al Presidente Obama como un extranjero y una amenaza a los intereses de la nación. En ese sentido, en las manifestaciones que llevan a cabo todavía se enarbolan consignas de que el Presidente no es un genuino hijo de esta nación. Lo más peligroso del susodicho movimiento es su agresiva campaña de que el gobierno hay que hacerlo desaparecer y que es una amenaza a las libertades del individuo. Por eso no es extraño, que como producto de la campaña del movimiento, hayan vuelto a aparecer las famosas milicias, que después de la catástrofe de Oklahoma, el gobierno había hecho desaparecer. Una cosa ha traído la otra porque ambas parten de los mismos principios. La atmósfera de desafío que enarbola el “Tea Party” se sale de los patrones que tradicionalmente han pautado el debate político en la nación. En días pasados, en una entrevista concedida a la radio, el ex Presidente Clinton manifestó preocupación por el tono agresivo que los seguidores del movimiento promueven contra las instituciones establecidas. El alegato del movimiento de que la administración Obama nos ha acogotado de impuestos es totalmente falso y fuera de lugar. Nunca el sector mayoritario de la nación ha pagado menos impuesto como en el presente. Ahora bien, si se trata de las personas que ganan más de $250,000 al año, el “Tea Party” tiene la razón. Esto así, porque la escala de aumento proporcional de impuesto que estableció la presente administración, parte de los que tienen una entrada sobre la suma anterior. Todo el que hace por debajo de esa cantidad paga menos impuesto que antes. Otro falso alegato del movimiento, es que la política de reforma de salud promovida por la administración nos llevará hacia el “socialismo”. Parece que en el diccionario de los seguidores del “Tea Party” se ha redefinido el término de socialismo, ya que, las esencias de las instituciones que rigen el país todavía son las mismas que las que le dieron sus Padres fundadores, que de socialistas ni la S tenían. Un elemento característico del “Tea Party” es la ausencia de las minorías étnicas entre sus seguidores y también, su oposición a que se lleve a cabo una reforma inmigratoria que favorezca la permanencia de los millones de indocumentados que han residido en el país en los últimos años. El movimiento abriga en su seno los más radicales opositores a que se lleve a cabo una reforma inmigratoria. De manera que, tenga cuidado con el té que nos brinda el “Tea Party” porque puede ser que en vez de tomarse un té se esté tomando un veneno.
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