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Por Ramón Peralta
La economía anda mal en el país pero en el Estado de Michigan la situación está peor. Por eso, los legisladores del Estado se embarcaron en hacer cortes radicales en el presupuesto con el objetivo de recortar el déficit. Con esos recortes se fueron miles de desempleados a las calles, entre ellos cientos de maestros.
Los programas sociales también sufrieron el cuchillo de los legisladores que, como todos buenos Republicanos, prefirieron sacrificar a los de abajo y no tocar los impuestos a los ricos: “No tax cuts” fue la consigna. Así se predicó y así se hizo. La hecatombe que los cortes produjeron en los presupuestos de miles de familias, no fue pequeña. Los inventarios de alimentos en las instituciones caritativas se redujeron al mínimo, debido a la demanda que hizo la gente. La gravedad de la situación se hizo crítica y la economía de Michigan no fue a cuidado intensivo porque al gobierno federal se le ocurrió la genial idea, criticada por Mitt Romney, candidato Presidencial Republicano, de rescatar la industria del carro a través de lo que en inglés se denominó “bail out”. Gracias a esa gran genialidad económica, el Estado de Michigan ha podido sobrevivir a sus penurias, ya que, la industria del carro, motor de su economía, fue salvada por ese gran milagro. Ahora resulta, que después de poner tantas gentes en apuro con los desdichados cortes, han aparecido unos 470 millones en excedentes del presupuesto, lo que indica que los legisladores se fueron en los cortes más lejos de lo que debían. La disyuntiva del momento es, qué se va hacer con ese dinero. Antes de que a alguien se le ocurriera alguna idea o sugerencia, el Procurador General del Estado ha señalado, que la mejor opción es usar ese dinero en el aparato policial y de seguridad del Estado. En otras palabras, el Procurador piensa que el aparato policial es la prioridad más importante del Estado y que por tanto, tener más policías es más importante que tener más maestros. Digo maestros, porque sectores sensatos del Estado han sugerido, que la mejor opción es emplear ese dinero en la educación. La idea de que combatir el crimen tiene más prioridad que la educación, es una idea vieja en el Estado, ya que tiene más atractivo político ante la población aún cuando los datos confirman que la criminalidad está estrechamente ligada a la falta de educación. Un alto porcentaje, uno lo ponen en un 85%, de los que cometen hechos de delincuencia, son individuos que han dejado la escuela. Las razones detrás de la baja estudiantil están ligadas a la falta de recursos de la escuela, ya que, el constreñimiento del presupuesto escolar ha obligado a los distritos a reducir el número de maestros y otros servicios colaterales, afectando así grandemente la enseñanza. La enseñanza pública, sobre todo en los grandes distritos escolares, se ha convertido en un servicio exclusivamente para estudiantes provenientes de los sectores más pobres de la sociedad, donde la alternativa a la educación es la delincuencia. Al mismo tiempo, los estudiantes procedentes del sector pobre necesitan, debido a sus condiciones, que las escuelas les provean servicios adicionales como: servicios de salud, consejería sicológica y servicios de trabajadores sociales. Estos servicios son necesarios para que el estudiante pueda dar respuestas satisfactorias a las tareas académicas. Sin embargo, los cortes del presupuesto escolar han tirado estos servicios por la borda. Son muchos los niños que hoy llegan a un aula escolar sin las condiciones necesarias para enfrentar las responsabilidades escolares, debido a la situación hogareña en que viven. Por eso, se hace necesario una ayuda adicional a la que ofrece el maestro, que hoy se ve obligado a tener en su salón más de los estudiantes que la pedagogía recomienda, yendo eso en detrimento del aprendizaje y como resultado a largo plazo a la baja estudiantil. El abandono de la educación deja a los estudiantes sin las habilidades que necesitan en el mercado de trabajo, lo que abre las puertas a la delincuencia y al crimen. De manera que, lo que necesitamos no son más policías sino más maestros y escuelas. No hay una opción más conducente a la civilidad de los ciudadanos que la educación. Cuando la educación desfallece ese mismo curso sigue la sociedad. Educar a un niño deja más frutos que apresar a un criminal y al mismo tiempo, sale más barato. Así es que no queda otra opción que emplear el dinero del excedente en la educación.
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