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Artículos de Ramón Peralta
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La sociedad norteamericana en donde vivimos es sumamente interesante. Hay un sentido de la religión como en ninguna otra sociedad occidental. La pregunta a qué iglesia usted va se hace primero que a dónde trabaja. Al mismo tiempo, se consume alcohol como en ninguna otra parte. La industria pornográfica no tiene parangón con ninguna otra de grande. No hay otra sociedad donde se consuman más drogas ilegales que aquí.
Todavía el 51% de los que se casan se divorcian antes de los cinco años. Hay un índice altísimo de uniones libres y de niños sin el modelo de padre en el hogar. El dinero es el centro de todo lo que se mueve, en muchos casos hasta de la religión, ya que hay iglesias donde el cura, el pastor o el reverendo pasan la cuenta de la contribución monetaria con más énfasis que cuando hablan de la fe y la humildad. También es una sociedad de un gran sentido de solidaridad. Cuando ocurre una fatalidad natural la gente colabora como en ninguna otra parte. Es decir, hay un gran sentido de servicio y de sentido cívico. El norteamericano ama su sociedad y la cuida. Y también la sobrevalora tanto que cree que no hay otra sociedad como ésta en la tierra y por tanto, quieren imponer sus valores y sus modelos. Y creen que el que no es como ellos no vale mucho y no tiene nada que imitar, ni aportar. El vicio se tolera y se vende al por mayor y al detalle en nombre de la libre empresa. Cuando un individuo o figura pública comete una falta o un error, se le quiere valorar como si fuera un santo cuando en realidad es un político, un deportista o un artista. Se crean turbulencias y escándalos cuando un individuo comete un error. Sin embargo, a la hora de la cena y cuando los niños aun están con sus ojos fijos en la pantalla televisiva, se sirven shows donde el sexo, la pornografía y los desvalores de la familia campean por sus predios. Acaso ha visto usted los famosos shows “sex in the city” o “bachelors” por solo citar dos. Nunca he oído a los que predican la moralidad hacer campaña en contra de estos y otros shows que de manera libre entran a nuestras habitaciones y hogares sin que usted le de permiso. Por lo contrario, todo el mundo los celebra y es la temática de las conversaciones del diario vivir entre compañeros de trabajo y en las reuniones sociales de amigos. No es extraño entonces que una persona esté más enterada de la chismografía farandulera que de los problemas sociales y políticos que se debaten en la nación. Hay libertad para todo como en ninguna otra parte de la tierra. Pero el derecho del individuo se valora por encima de la sociedad y cuando se intenta hacer lo contrario, a eso le llaman “socialismo.” Hay libertad plena de empresa y hay derecho para vender y comprar de todo aun a costa de la moral de la sociedad. El vicio y la degradación también están amparados por el ejercicio de la libertad individual y de empresa. El vicio rampante del consumo de las drogas ilegales no se le atribuye a la descomposición moral de la sociedad sino al negocio de estupefacientes producidos en el extranjero. Por eso el asunto de las drogas no se considera un problema de política interna sino de política exterior. No importa quienes las consumen sino quienes las venden. A pesar del ejercicio pleno de la libertad individual es una sociedad que siempre ha sido regida por principios políticos conservadores. El conservadurismo ha controlado la vida política de la nación y es la fuerza política que pauta el camino a seguir. No es raro que distritos escolares hagan listas negras de libros donde se encuentren obras clásicas de la literatura, dizque porque exponen escenas eróticas. Sin embargo, de acuerdo a datos revelados en estudios, un alto porcentaje de los niños de escuela intermedia ya han tenido experiencias sexuales y eso, no es por los libros que leen. Todavía el color de la piel es una molestia al ejercicio del derecho. El racismo es un ingrediente del plato diario del norteamericano a pesar de los progresos y los avances que se han hecho. No hay una nación que haya abierto sus puertas al inmigrante como ésta, a pesar de que para un grupo todavía eso es un obstáculo y un problema mayúsculo. Es la democracia por excelencia pero está controlada y puesta al servicio de un grupo, que se sirve de la mayoría, con la que solo cuenta para legitimar su status. La lista es más grande pero por hoy solo basta lo que hemos anotado.
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