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México, 3 jul (EFE).- La escritora mexicana Ximena Sánchez
Echenique eligió la migración como eje de su última novela
convencida de que miles de compatriotas suyos dejan México con la
sensación de que su país es como "un barco que se está hundiendo".
"Podríamos
decirlo así, y de él todos quieren escaparse. Por la
mente de todos en estos momentos está pasando la idea de emigrar",
explica en entrevista con Efe Sánchez Echenique (Ciudad de México,
1979), quien presenta estos días la novela "Por cielo, mar y tierra"
(Tusquets, 2010).
"Lo que es triste es que compartimos como
lazos, y esos son los
que podrían unirnos por un bien común, una causa común, pero parece
que es un país sin causa", asegura la joven autora, quien invita a
sus lectores a buscar una especie de "revolución interior" en las
páginas de su libro.
En él tres personajes, un ex dictador que
recuerda a Porfirio
Díaz (1830-1915), el frívolo clasemediero Alfredo Palacios, y el
"mojado" Benigno Silva, emigran cada uno de su país por distintos
motivos, con sueños, ambiciones y frustraciones a sus espaldas que,
pese a su distinta condición, tienen también elementos compartidos.
Comparten
que son seres "muy apegados a sus objetos", como todos
los migrantes, sean éstos vajillas, manteles finos e incluso dos
criadas indígenas de Oaxaca, en el caso del ex dictador, o la carta
de una esposa abandonada que viaja convertida en un tesoro en los
bolsillos del indocumentado mexicano que cruza a EE.UU.
El libro,
que se fraguó en la Biblioteca Nacional de Madrid y
Archivos de la Universidad Iberoamericana (UIA), oscila entre las
melancolías de un viejo ex dictador mexicano que se exiliará en
París, y las ambiciones del burgués Alfredo Palacios, quien se lleva
"al Viejo Mundo" (Europa), a donde va a estudiar un posgrado, un
puñado de prejuicios y una pequeña maleta que contiene una
computadora.
Quizás el personaje más representativo de los tres
principales de
la novela en el México actual sea el inmigrante Benigno Silva, un
padre de familia humilde que carga muy pocas pertenencias pero que
"tienen mucha fuerza".
Entre ellas hay una carta que le da su
mujer antes de partir, la
misma que "le da como un impulso" en su afán de hacer realidad el
"sueño americano".
"Es un personaje al que admiré mucho y le
respeté. Es un padre.
Más allá de que sea una persona sin recursos económicos tiene un
corazón muy grande. Pone en primer plano a su familia. De los tres
es el más rico emocionalmente", asegura Sánchez Echenique.
A lo
largo de la novela, construida sobre esas tres historias
disímiles, "se va entretejiendo" una trama y un lenguaje que va
igualando a los personajes hasta hacerlos hablar con una misma voz,
la de aquel que se marcha "va pensando que va a encontrarse con la
panacea o con la utopía".
"A lo mejor en el fondo todos los
mexicanos somos utópicos y
creemos que esa utopía la vamos a encontrar fuera del país y nos
olvidamos de que esa utopía está aquí adentro, dentro de uno mismo",
agrega la autora.
Temas como "la separación de la tierra natal" o
cómo la gente
"cuando se separa a lo que se aferra es a los objetos y a las cosas"
están presentes en esta epopeya de grandes y pequeños seres humanos.
Quizás
para Sánchez Echenique, nieta de una española hija de
emigrados mexicanos, la pregunta más importante que queda en el aire
sea "por qué tienen que irse de México para realizarse, para cumplir
sus metas" los miles de seres que podrían protagonizar hoy la
historia de un país que hunde sus raíces en las peregrinaciones.
"Tú
eres igual de importante en la historia de tu país, eres
igual de importante en el mundo, y la puedes 'regar' (equivocarte)
de la misma forma. Eres igual de responsable" de lo que suceda en tu
vida y en la de los demás de tu comunidad, concluye.
Antes de
esta novela, Sánchez Echenique escribió otras como
"Sobre todas las cosas" (2004), con la que ganó el Premio
Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano, y "El ombligo
del dragón" (2007). |