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Zacatecas (México), 17 jul (EFE).- El escritor y ex
vicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez declaró hoy que percibe
como "muy oscuro" el panorama de su país, donde las pretensiones del
sandinista Daniel Ortega de ser reelegido han desatado una crisis
institucional.
"No veo ninguna luz para Nicaragua. La oposición se encuentra
desarticulada y asediada por un Gobierno que busca comprar votos en
la Asamblea Nacional para la reforma que permita la reelección
continua de Ortega", explicó Ramírez en una entrevista con Efe en
Zacatecas, ciudad mexicana que visita con motivo del Hay Festival.
Ramírez
detecta una gran desconfianza de sus conciudadanos en los
partidos de su país, que ha llevado a la sociedad a "una especie de
crisis moral", ante la certeza de que tantos políticos son
"comprables" y de que las instituciones están "totalmente
controladas" por el sandinismo.
El pasado octubre, magistrados
sandinistas de la Corte Suprema de
Justicia declararon, en una sesión celebrada sin los liberales y con
sustitutos, que el artículo de la Constitución que limita a dos el
número de mandatos de un presidente es inaplicable.
Decisiones
como ésa, relató Ramírez, ya permiten la reelección de
Ortega, pero el líder sandinista "pretende que sea la propia
Asamblea Nacional la que bendiga" su nuevo nombramiento, y "no
piensa reparar en ningún obstáculo jurídico o político que se lo
impida".
La sociedad nicaragüense asiste a estos acontecimientos
con "un
criterio pasivo".
"La gente quisiera un cambio, pero no ve cómo
articularlo",
indicó Ramírez, que fue vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega
(1979-1990) tras la caída del dictador Anastasio Somoza.
Ya no
habría circunstancias en el mundo, añadió, capaces de
sacarlo de la escritura e integrarlo a la política orgánica, como
sucedió entonces.
Ramírez es autor de, entre otros títulos,
"Charles Atlas también
muere", "Un baile de máscaras" y "Margarita, está linda la mar",
ésta última Premio Internacional de Novela Alfaguara en 1998.
Su
participación en la vida pública de Nicaragua,
contó, se debió
a un contexto concreto, porque, para él, "la historia es como un
caleidoscopio: cada momento es irrepetible".
Ramírez, cuya
vocación primera fue la de narrador de cuentos, se
convirtió casi sin quererlo en "un pedacito" del caleidoscopio que
conformaba la Nicaragua de finales
de los setenta. De no haberse
producido la Revolución, analizó, nunca le habría preocupado formar
parte de la vida política.
Pero, como dijo, las revoluciones son
fenómenos que inmiscuyen a
todo el mundo, aunque él las considere actos casi exclusivamente
juveniles.
"Un viejo que se pretenda revolucionario no cuadra.
Además, son
asuntos generacionales y no se debe entorpecer el espacio que tiene
que ser ocupado por los jóvenes", comentó.
Salvo el mal recuerdo
del golpe de Estado que se produjo en
Honduras en 2009 contra el presidente Manuel Zelaya, Ramírez opina
que los cañonazos ya no ejercen, como lo hicieron en su momento, de
trasfondo de la literatura centroamericana y de toda Latinoamérica.
En
su lugar lo hacen "el narcotráfico, que asfixia a
Centroamérica entre México y Colombia, las migraciones forzadas a
Estados Unidos y el tráfico de seres humanos". La narrativa de su
región mira, a su juicio, a las fronteras, donde se producen "tantos
asuntos clandestinos".
Ramírez no piensa que las novelas tengan
que ocuparse
exclusivamente de su contexto histórico, pero no considera que en
Latinoamérica "haya otra forma posible de tratar la literatura".
Él
mismo, pese a su retiro de la política, se siente obligado,
"como cualquier literato", a un espacio de conciencia crítica. "Uno
puede ser un gran escritor con los ojos cerrados, pero siempre
tienes que mirar por la ventana para ver lo que está pasando",
apuntó. EFE |