|
Los norteamericanos apenas comienzan a darse cuenta de la pesadilla que
representaron para los Estados Unidos y el mundo los funestos 8 años de
la administración republicana del George W.Bush. El primer síntoma de ese despertar fue la elección de Barack
Obama como presidente. Esta elección es un termómetro con el que
fácilmente se puede medir el grado de decepción de los votantes con
respecto a la política tradicional. Elegir a un afro americano de
segundo nombre Hussein en un país donde el racismo se respira en las
aceras, fue un grado superlativo de castigo al estereotipo político
americano.
Después de 4 mil soldados norteamericanos muertos en Irak y de
cerca de 900 en Afganistán todos, desde el presidente hasta el más
simple ciudadano, se preguntan ¿Cómo saldremos de esto?
Algunos “analistas” políticos norteamericanos y algunos
documentales del History Channel así como otras producciones
cinematográficas, han sugerido que el desplome de la Unión Soviética al
principio de los 90s fue un cinturón de campeón que se ganó Estados
Unidos en su “lucha contra el comunismo”, y que el ring de la última
pelea entre los grandes púgiles fue Afganistán.
Eso cierto, pero solo en una parte: Afganistán.
La Unión Soviética venía enfrentando problemas económicos desde
principio de los años 80s cuando la producción agrícola, la industria
de la siderúrgica y la petrolera, comenzaron a descender mientras el
régimen se ocupaba en hacer enormes gastos militares sin darse cuenta
de que esa crisis crecería hasta convertirse en un cáncer incurable.
La invasión a Afganistán llevada a cabo en 1979 representó un
gasto enorme para la URSS y un Warterloo donde el imperio daría sus
primeras señales de desvanecimiento.
Estados Unidos comenzó a apoyar los grupos de resistencia afganos
conocidos como Muyajadines (Mujahideen). Esa situación y la carrera
armamentista con Estados Unidos hizo que la URSS aumentara a un 27 por
ciento de su PIB el gasto militar.
La administración de Ronald Reagan proveyó de misiles de manos,
dinero y otras armas a los guerreros afganos que luego terminarían
siendo los Talibanes.
George Bush (padre) llegó hasta la frontera de Pakistán con
Afganistán para entregar una primera partida de 14 millones de dólares
a los rebeldes.
La Unión Soviética agobiada por una crisis de producción de
alimentos que vino como consecuencia del descuido de la producción, se
vio obligada a salir de Afganistán con una gran herida económica.
Históricamente se dice que Afganistán fue para la Unión Soviética
lo mismo que Vietnam para los Estados Unidos. La única diferencia fue
que cuando se produjo la retirada americana de Vietnam, Estados Unidos
no estaba en crisis como lo estaba la URSS cuando se retiró de
Afganistán.
Ahora, a 18 años de la caída de la URSS, es Estados Unidos quien
se encuentra invadiendo a Afganistán peleando contra los mismos
muyajadines (ahora convertidos en Taliban ) que apoyó para derrocar a
la URSS, y en medio de una difícil situación financiera caracterizada
por un déficit fiscal histórico.
Si la administración de George W. Bush se hubiera detenido a
pensar tan solo un minuto antes de lanzar la invasión a Afganistán para
luchar contra los terroristas de al Qaeda que realizaron los atentados
del 11 de septiembre del 2001, Estados Unidos no estaría en la penosa
situación en que se encuentra hoy.
Pero es muy tarde para lamentos y muchos menos para pensar en lo que no se hizo.
Lo cierto es que ahora nadie sabe qué hacer con esa guerra, si
enviar 10,000 o 40,000 soldados más como pide el Pentágono, o prenderle
velas a los santos para se produzca un milagro.
El presidente Barack Obama estaba buscando opiniones, consejos y
quién sabe si ayuda espiritual para encontrarle una salida al asunto,
porque sabe que si no se actúa a tiempo, Afganistán será para su
gobierno, y posteriormente para el país, lo que fue para URSS, el ring
donde se echó la última pelea.
|